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Twitter y el algoritmo que nadie quería

Twitter anuncia a través de su cuenta de soporte que, en su última actualización, permite ya a los usuarios elegir entre visualizar su timeline en el modo algorítmico, con las actualizaciones supuestamente más relevantes primero, o volver al modo puramente cronológico original que la compañía utilizaba antes de 2016, sin sazonarlo con elementos adicionales.

A principios de 2016, la compañía decidió intentar mejorar el nivel de uso de su plataforma desarrollando un algoritmo que trataba de mostrar al usuario aquellas actualizaciones que podían haberse perdido, pero que eran susceptibles de interesarles. Al hacerlo, rompieron lo que hasta el momento había sido un principio fundamental de Twitter: el timeline discurría en orden cronológico, con las actualizaciones más recientes arriba. Tras muchas iteraciones e intentos de mejora del algoritmo en cuestión tratando de buscar más relevancia, la compañía podría ahora reconocer que el elemento cronológico es un elemento fundamental de Twitter, es lo que los usuarios esperan, y que interferir con ello podría no ser una buena idea.

Ahora, basta con ir a la configuración de la cuenta, entrar en las preferencias de contenido, y desactivar la opción que dice “Mostrar los mejores tweets primero” para recuperar las actualizaciones en modo cronológico, sin interferencias algorítmicas del tipo “Por si te lo perdiste” o “a Fulanito y Menganito les ha gustado este tweet“. En mi caso, mantengo la opción de relevancia desactivada desde el principio intentando mantener el orden cronológico, y a pesar de cerrar sin piedad siempre todas las sugerencias de ese tipo que la compañía me hacía y de ver como cada vez se me prometía que vería ese tipo de recomendaciones en menos ocasiones, la promesa se probaba falsa una y otra vez, y esas sugerencias seguían apareciendo.

Aunque Twitter afirma llevar tiempo trabajando en el desarrollo de elementos que permitan al usuario ejercer un mayor nivel de control sobre su timeline, la llegada de este cambio podría venir precipitada por un hilo creado por una usuaria en el que se especulaba con la posibilidad de que excluyendo determinadas palabras se pudiese obtener un timeline puramente cronológico, hilo que se viralizó hasta alcanzar más de 15,000 retweets y 40,000 likes. Que un elemento aparentemente anecdótico como ese recibiese tanta atención ha llevado a la compañía a pensar que podía haber un importante contingente de usuarios que preferían el orden cronológico al de un algoritmo que, además, no era en absoluto claro en su formulación, y en consecuencia, a adelantar la presentación del elemento.

La obsesión de Twitter por ganar control sobre lo que los usuarios ven o dejan de ver ha chocado con un elemento fundamental: el timeline tenía un funcionamiento perfectamente claro y sencillo, que cualquiera podía entender de manera inmediata, y añadir a él un algoritmo provoca una molesta sensación de ausencia de control. Poco importa que el algoritmo esté genuinamente diseñado para evitar que te pierdas cosas que te interesan, para hacer que te sientas mejor informado o para supuestamente mejorar la propuesta de valor del producto: los usuarios querían su timeline en orden cronológico porque es lo que aprendieron a apreciar de Twitter en su momento, y cualquier cambio en ese sentido les generaba una experiencia incómoda, una impresión de que lo que veían ya no dependía de ellos y de las cuentas a las que decidían seguir, sino de un tercero convertido en omnipotente que tomaba decisiones por ellos. El algoritmo podía estar trabajadísimo, considerar elementos de personalización verdaderamente interesantes y hacer un buen trabajo estimando las preferencias de los usuarios… pero simplemente, nadie lo quería: el usuario medio prefería la simplicidad de lo conocido y la referencia cronológica que esperaba.

Twitter seguirá ofreciendo elementos como la página de búsqueda en la que se podrán visualizar inmediatamente elementos como los trending topics o los momentos, que permiten hacerse una idea de lo que está pasando independientemente de las cuentas que uno decida seguir, pero ahora, dependerán de una acción adicional del usuario, la de acudir a la búsqueda. En el funcionamiento básico de la aplicación, sin embargo, el usuario podrá volver al modo puramente cronológico, dejar de lado al algoritmo y recuperar la sensación de control sobre su timeline sin interferencia alguna. Un buen caso sobre la necesidad de escuchar a los usuarios, entender sus preferencias y permitir que disfruten de tu producto como todo indica que quieren hacerlo, sin que seas tú el que les diga de qué manera lo tienen que hacer. Por interesantes y sofisticados que parezcan, no todos los algoritmos son buenos o resuelven un problema. Algunos, de hecho, lo crean. Algunas cosas, parece, son mejores cuanto más simples.

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