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Apple adquiere Shazam: ¿para qué?

Shazam es una de esas compañías que parece que lleva ahí toda la vida, y que, al menos cuando comenzamos a usarla, nos parecía indistinguible de la magia. En realidad, no es magia: funciona mediante huellas digitales acústicas, y lleva funcionando desde 1999, primero como un servicio que se activaba a través de una llamada de teléfono a un número corto que escuchaba durante un máximo de treinta segundos y devolvía el nombre de la canción mediante SMS, y ya después de la llegada de las tiendas de aplicaciones, como una app que se ha mantenido consistentemente en los niveles altos de los rankings de descargas.

Ahora, TechCrunch anuncia que Apple está en conversaciones para adquirirla por un precio estimado de unos 400 millones de dólares, muy por debajo de su valoración extraoficial en función de sus rondas de inversión, que se estimaba en torno a billón de dólares. La compañía había captado anteriormente 143.5 millones de dólares a lo largo de hasta doce rondas de inversión en las que participaron fondos como Kleiner Perkins, DN Capital o IVP, y empresas como  Sony Music, Universal Music o Access Industries (dueños de Warner Music). La adquisición, por tanto, otorgaría a los fondos una rentabilidad muy inferior a la esperada, pero situaría a los inversores estratégicos, fundamentalmente empresas discográficas, en una posición de práctica apuesta por Apple Music. Lo más posible, por tanto, sería que tras la adquisición, Shazam, que obtenía sun ingresos en su práctica totalidad de las comisiones de tiendas de música como Spotify, Play Music o la propia Apple Music, suspendiese sus acuerdos con las competidoras y se convirtiese en un servicio específico de localización de música para Apple, que pasaría a ahorrarse además esas comisiones.

¿Por qué vender una compañía que se ha mantenido siempre en niveles elevados de popularidad por una cantidad sensiblemente inferior a la valoración que estimaban de ella sus inversores? Simplemente, porque las comisiones no dan para sostener esas estimaciones, y tras varios años comprobándolo de manera fehaciente, era preciso corregirlas. Sí, somos muchos echamos mano de nuestro smartphone o de nuestro smartwatch  para lanzar Shazam cuando queremos saber qué está sonando, pero muy pocos los que, como consecuencia de ello, llevamos a cabo los pasos subsiguientes que llevan a su adquisición. De hecho, Shazam había obtenido en 2016, tras diecinueve años de existencia independiente, tan solo 54 millones de dólares en facturación y 5.3 millones en pérdidas, lo que permite entender el por qué del severo ajuste en su valoración y el que se situase a sí misma como posible objetivo de adquisición. Si adquiriendo Shazam por una cantidad importante pero sensiblemente descontada a la que hay que sustraer además lo que pagaba en comisiones, Apple consigue terminar con el millón de clics al día que la appenviaba a Spotify y Play Music y redirigir una parte de ellos a Apple Music, estará dando un paso más para establecer su servicio, que actualmente cuenta con unos treinta millones de suscriptores frente a los sesenta millones de usuarios de pago sobre un total de 140 millones que tiene Spotify, como jugador importante en el mundo de la distribución de música comercial.

Por otro lado, integrando Shazam en su ecosistema, Apple obtiene un servicio que le permite entender mucho de las tendencias musicales y del interés que generan las creaciones. En 2016, la compañía anunció que su app había superado ya los mil millones de descargas, y que había sido utilizada para identificar más de treinta mil millones de canciones, unos datos que sin duda, interesan a las discográficas y a la propia Apple. Además, la integración de Shazam como una funcionalidad del sistema permitirá a Apple ofrecer una muy necesaria mejora a su Siri, que ahora podrá servir para identificar lo que está sonando a su alrededor, y se integrará presumiblemente en el HomePod, el altavoz inteligente que la compañía, tras su inicial retraso, tiene previsto sacar al mercado a principios de 2018.

La compra será, si se confirman las cifras, la más importante que la compañía haya realizado en este ámbito desde la adquisición de Beats por tres mil millones de dólares en mayo de 2014, y apunta a una posible escalada en la estrategia de Apple en el mundo de la música, que debería preocupar, entre otras a Spotify. Y muy posiblemente, a las discográficas… aunque todavía no se hayan dado cuenta.

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